Atenda · by QUANTRIX
Solo las concretadas, el resumen de cada una, una atrás de la otra. Las verdes tienen observaciones: hay algo que preparar antes de que llegue el huésped.
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Los leads que capta la IA por WhatsApp, por etapa. Los calientes están para cerrar: agarralos antes de que se enfríen. Tomar hace que el bot se calle y el lead quede a tu nombre; el chip de la derecha dice quién lo tiene.
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Lo que el bot dice en la charla sale de acá. Se guarda al toque y la próxima respuesta ya lo usa.
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Cada vez que el bot pidió que intervenga una persona, agrupado por motivo. Lo que se repite mucho es candidato a automatizarse.
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Después de cada respuesta, un observador le pone de 1 a 5 estrellas al ánimo del cliente. La peor arriba; con 1-2★ el equipo ya recibió el aviso por WhatsApp.
Un cliente que se está por ir casi nunca lo dice. Contesta cada vez más corto, repite lo mismo por tercera vez, tira un «dejá, no importa». Esa charla se pierde en silencio: nadie deriva y nadie abre el panel. Esta pantalla existe para encontrarla mientras todavía se puede hacer algo.
Quién puntúa. Después de cada respuesta del asistente, un segundo modelo —aparte del que atiende— lee los últimos 16 mensajes y le pone de 1 a 5 estrellas al ánimo del cliente, con el motivo en una frase. Mira desde afuera a propósito: el asistente está ocupado en contestar, no en observarse a sí mismo.
Cuándo le llega un aviso al equipo, por WhatsApp y sin que nadie tenga que estar mirando:
Qué no hace. No calla al asistente, no deriva y no decide nada: mide y avisa. Si el observador no contesta, o contesta cualquier cosa, la charla sigue igual. Y nunca demora la respuesta al cliente — se mide después de que el mensaje ya salió.
Para qué sirve la tendencia. Es la columna con las últimas mediciones en orden. No es lo mismo 3 → 3 → 3, alguien que siempre fue seco, que 5 → 4 → 2, que es alguien a quien le pasó algo acá adentro. El puntaje dice cómo está; la tendencia dice de quién es la culpa.
Cuánto cuesta. Alrededor de dos décimas de centavo de dólar por medición, y entra en el gasto del mes de este negocio. Empieza a medir recién en el segundo mensaje del cliente: con un «hola» suelto no hay ánimo que medir.
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El uso del chat en el período.
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Lo que cuesta atender, por cada canilla: Meta, la factura de Anthropic y el estimado por tokens.
Cada mensaje que entra, paso por paso y con los tiempos de cada tramo. Vienen apagadas: mientras lo estén no cuestan nada, y se apagan solas a las 2 horas.
Quién entra al panel y qué ve. El admin ve todos los clientes; un operador ve uno solo; el equipo ve la lista de clientes que le asignes. Cada casilla se guarda sola.
El embudo del testing: charlas → pre-reservas → convertidas, la venta emulada y el costo de IA que la movió.